Después de todo parece ser que hay alguien en la tierra. Ya se sabe que la vida siempre acaba por abrirse paso. Chinmista está muerto. Lo que en un principio nos pareció la historia del último ser humano en el universo, ahora era una mentira.
Tras la puerta también hay una mujer. Un viejo cartel de carretera indica Barcelona 33km...
Mientras en la tierra...
Una antena aún en funcionamiento detecta el último suspiro de chimista. Rápidamente un extraño sistemas se activa. La antena responde y de una enorme puerta negra aparece un hombre vestido con un buzo.
Después de todo, una vez muerto podría volver a la tierra. Tal vez, tus padres están allí ahora. El cielo se oscurece lentamente. Al cerrar los párpados recuerdas esta última imagen. No sabes si es un cuadro que había en tu casa o si es el cielo nuclear de la tierra.
Después de todo... tengo sed.
La descarga me convulsiona todo el cuerpo, recorriendo mi corazón hasta el más pequeño de mis poros. Sin embargo no muero.
La descarga se repite. Siento más vida dentro de mi.
Una tercera descarga fulmina mi cuerpo. Abro los ojos.
No estoy en la sala de ejecuciones. Ni siquiera estoy en una sala. Sólo veo el azul del cielo. Puedo notar la arena tras mi cabeza. Poco a poco los murmullos indescrifrables que penetran mis oídos se vuelven claros: "Vamos, ¡vive! ¡¡Vive!!" Dos médicos me aprisionan el pecho una y otra vez. Intentan salvarme la vida. Estoy en el desierto. De nuevo en el desierto.
Entonces lo comprendo todo. Nunca abandoné este desierto. Sólo me desmayé y empecé a soñar. Soñé con la vida que no estoy dispuesto a dejar, porque todavía no estoy preparado para abandonarla.
La reanimación por sistema de electrocución sistemática es un éxito. Recupero el aliento, incluso la consciencia. Los médicos me inmovilizan en una camilla y me transportan a un aeromódulo de urgencias médicas. Ahora sí lo sé con seguridad: viviré.
FIN
Jon Mikel
Y hasta aquí llega mi relato. Hasta el momento de mi ejecución. El momento en el que todo acabará irremediablemente para mi.
He escapado muchas veces de la muerte, pero ni siquiera aquellas veces estaba sumergido en situaciones tan definitivas como esta. Estoy inmovilizado, vigilado por decenas de soldados Iberma. Me han escupido y apaleado, apenas puedo mover los músculos de la cara.
La cuenta atrás ha comenzado: "5", "4", siento que mi vida ha servido para algo, "3", "2", pronto una fuerte electrocución cortará mi flujo de vida; mi final, "1", "0".
¿Continuará?
Jon Mikel
Llegó la hora. Era el momento del descanso. Aproveché la tormenta y sus previsibles apagones de luz cada noche para saltar la tapia del patio. Salir del recinto fue lo facil, escapar no lo sería tanto.
Corrí como un poseso. No corría así desde hacía muchos ciclos Kurf: en mis últimos tiempos en la tierra me estaba muriendo por el calor. Mi corazón palpitaba como un viejo motor de fusión.
En breves segundos escuché el zumbido de una aeropatrulla de soldados Iberma. Poco había que hacer cuando un vehículo así te perseguía. Pese a ello, seguí corriendo. Si me adentraba en el bosque, esas motos no podrían darme caza con tanta facilidad.
El corazón se me salía por la boca y no sé de dónde conseguía aliento para seguir corriendo. Sentía cómo el zumbido y aquel soldado se aproximaban a mi espalda. Sólo unas zancadas más y me ocultaría en el bosque.
Pero mi huida terminó en desgracia. Una red me cubrió por completo e hizo tropezar a mis debilitados tobillos. Los soldados de Iberma me inyectaron un sedante para que evitar que reanudara la huida.
Jon Mikel
Es doloroso lo sé, pero es la única manera de poder ver mis recuerdos. Busco esas imágenes del pasado que perdí en aquel desastroso incendio. Lo he visto casi todo. Lo único que no comprendo es que en todas las imágenes nunca veo la cara de mi hermana pequeña,en vez de ésta sobre su cuerpo siempre sale la
mía.
Ninguno de nuestros investigadores aún conoce la verdaera composición de estos seres. Las criaturas, tal vez son un accidente biológico o un milagro de la naturaleza. Lo único que sí sabemos es que nacieron de nuestra piscina y que si alguien se sumerge en ella muere. La curiosidad de los primeros días fue remplazada por la alarma de peligro y el concecuente cierre de los laboratorios GBio-Aqua.
