Capturado
Las horas se agotaban en aquel reducido habitáculo espacial. Me serví un apañado festín, el último. Incluso bebí ron de la luna de Häntak. Me merecía una gran cena de despedida, despedida de mi mismo, y la nave de carga conservaba aquellas últimas provisiones. El mantenimiento de vida se consumía y cada vez sentía más opresiva la asfixiante sensación de la falta de aire que respirar. Entonces, algo colisionó contra el casco de la nave.
Entreabrí los ojos tras el impacto y noté como las compuertas de mi nave eran forzadas. Tras algunos chirridos metálicos, finalmente cayeron. Eran los malditos soldados de la galaxia Iberma. "Reyes de la seguridad espacial", así se hacían llamar. Corruptos, interesados, manejados por un ente despótico, el ilegítimo Rey Lantäsh.
Fui hecho prisionero y encarcelado. Todo lo que pudiera decir sólo empeoraba mi situación: más castigos, más torturas. Al menos me alimentaban y recuperé mi moribunda vitalidad. Pero, aún así, ¿qué más podría salirme mal?

Jon Mikel
